DURO CRUCE ENTRE MANDATARIOS EN LA CUMBRE DEL G-20

20.06.2012 00:16

La versión británica varía muy poco de la versión oficial argentina de los hechos, de modo que podemos darlos por ciertos tales como se relatan de uno y otro lado.

 

En Los Cabos, México, durante la cumbre del G-20, la Presidente Cristina Fernández y su par británico, David Cameron, mantuvieron un fuerte cruce verbal.

 

El encuentro, el primero entre ambos, no previsto y sorpresivo, se produjo cuando el Primer Ministro británico se acercó a la comitiva argentina encabezada por Fernández de Kirchner, que preparaba su discurso ante el G-20, en el Centro de Convenciones de la localidad turística mexicana de Los Cabos.

 

El Primer Ministro fue quien se acercó a hablar con la Presidente y le “pidió” respetar el referéndum isleño (que todavía no tuvo lugar y que pretende consagrar el presunto derecho de autodeterminación de los isleños) y CFK le reprochó su negación al diálogo.

 

Así lo informó el Canciller Héctor Timerman, quien precisó que durante el breve diálogo que mantuvieron ambos mandatarios, el británico se negó a aceptar un sobre que la presidente le quiso entregar con “las 40 resoluciones de la ONU” en las que se insta al diálogo bilateral para abordar la cuestión del archipiélago.

 

“No fue el lugar ni el momento.” - expresó acertadamente el Canciller argentino - “El momento de hablar de Malvinas fue la semana pasada en la ONU, donde estuvo la Presidenta pero no el Primer Ministro”, dijo.

 

El pedido de Cameron no deja de tener un tinte de amenaza. Tal como lo manifestó el Canciller Timerman, no fue el lugar ni el momento. Gran Bretaña debe sentarse a negociar formalmente, no por medio de actos casi patoteriles, prepotentes.

 

El ministro de Defensa británico anunció ayer que su país destinara 1.100 millones de libras para la construcción de dos reactores nucleares y para la modernización de la planta de Rolls-Royce en Derby, donde se harán los trabajos. Eso se suma a los contratos concedidos por valor de 347 millones de libras a empresas del Reino Unido para empezar a trabajar en el diseño de los sucesores de los submarinos Vanguard, portadores de los misiles Trident.

 

En mayo, los británicos revelaron que planean gastar 5 mil millones de libras en cinco años en la producción, la investigación y las operaciones del Atomic Weapons Establishment en el sur de Inglaterra, donde se originan las ojivas nucleares. ¿Cómo tomar la actitud de Cameron, líder de un país que gasta tanto en armas de destrucción masiva, sino como una amenaza?