LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA BRITÁNICOS BAJO FUEGO

04.05.2012 15:27

 

Hace semanas que el caso nutre a todas las redacciones periodísticas británicas ya a algunas del extranjero: un joven agente, genio de las Matemáticas y experto en criptografía, fue encontrado muerto y en avanzado estado de descomposición dentro de una valija que fue encontrada en la bañera del departamento que alquilaba.

 

El hecho ocurrió en agosto del 2010, pero los detalles se están conociendo recién ahora. No nos interesan los pormenores del caso, sí la implicancia que el mismo tiene para los Servicios de Inteligencia británicos. Una de las principales tareas que cumplía Gareth Williams, el agente muerto, era la intervención de correo electrónico y la infiltración en grupos de hackers. Para esta última tarea se había infiltrado en grupos de ciber delincuentes, asistiendo a conferencias que ellos mantenían en Estados Unidos de Norteamérica.

 

Su muerte podría no haber sido accidental, más bien parece haber sido un acto criminal premeditado. Los sospechosos son muchos, desde el propio MI6 - se tomarán muestras de ADN de 50 de sus agentes - hasta miembros de la mafia rusa.

 

A nuestro juicio es poco probable que el MI6 haya tenido algo que ver con el asesinato. Como mucho algún agente individual habrá estado presente en la escena del crimen en el momento del hecho. Pero algo es cierto, el lugar fue prolijamente limpiado y la agencia de espionaje exterior británica tardó una semana en reportar la desaparición de Williams.

 

Otro de los sospechosos es la mafia rusa. Según fuentes anónimas Williams había estado trabajando en secreto en tecnología para rastrear el dinero robado por criminales rusos, que estaba siendo lavado a través de Gran Bretaña. La tecnología había sido diseñada para permitir a los agentes del MI6  seguir la ruta del dinero girado desde cuentas bancarias en Rusia a las bandas criminales en Europa a través de transferencias hechas vía Internet.

 
El agente también trabajó en otro proyecto secreto para desarrollar dispositivos para robar datos de los teléfonos móviles y ordenadores portátiles con tecnología inalámbrica.

 

Williams también habría hecho repetidas visitas a los EE.UU. para reunirse con miembros de la Agencia de Seguridad Nacional y habría trabajado en estrecha colaboración con las agencias de espionaje de Estados Unidos para interceptar y examinar las comunicaciones que se cruzaron entre un oficial de Al Qaeda en Pakistán y tres hombres que fueron condenados en el 2009 por conspirar para colocar bombas en vuelos transcontinentales.

 

En algún momento y en algún lugar algo falló y ahora el propio MI6 está bajo la lupa. Es probable que simplemente haya tratado de ocultar a la policía el contenido de las memorias de los artefactos electrónicos de Williams. Tal vez ni eso. Pudo tratarse de un accidente durante un perverso juego sexual con otro miembro del MI6. Habrá que esperar los avances de una investigación que expuso muchas de las actividades de la Inteligencia británica, de la que se esperaría menos torpeza.

 

La clave para entender el porqué de tantos errores parece venir de otro sector de los servicios de espionaje británicos. Las proporcionó el Mayor General Jonathan Shaw, jefe de seguridad informática de las fuerzas armadas británicas. Lo dijo sin pelos en la lengua: su generación creció en otro entorno. En él no existían las computadoras, tampoco Internet. “Debemos aprender de los chicos ahí afuera”. Eso implica contratar personas jóvenes, muy hábiles con las computadoras, pero a la vez muy vulnerables a los peligros del mundo del espionaje.

 

Shaw admitió que algunos de los sistemas informáticos más confidenciales del ministerio de Defensa británico habían sido hackeados. Y si bien dijo que los ataques conocidos no habían sido numerosos, reconoció que algunos de ellos habrían podido pasar desapercibidos. En otras palabras, los militares británicos no saben a ciencia cierta cuáles de sus secretos mejor guardados fueron blanco de intrusiones.

 

Es obvio que el problema supera a las autoridades de la Inteligencia inglesa. Y salen a hablar. Tal vez para cubrirse, tal vez para presionar por fondos para más personal y más equipos. Fondos que dada la recesión de la economía británica seguramente llegarán a cuentagotas.