BUZOS EVALÚAN DAÑOS EN CASCOS DEL SUBMARINO NUCLEAR Y EL CRUCERO AEGIS QUE COLISIONARON

16.10.2012 12:52

 

Buzos de la Marina estadounidense están realizando una evaluación de daños en el casco del submarino de propulsión nuclear y en el del crucero Aegis que colisionaron el sábado pasado, accidente del que informamos ayer.

 

Las dos naves estaban participando de un ejercicio antisubmarino con el portaaviones Harry S. Truman. El adiestramiento se estaba llevando a cabo en preparación para un despliegue en el marco de un grupo de ataque encabezado por el Truman.

 

La colisión causó el colapso del domo del sonar del crucero, un dispositivo con forma de bulbo en la proa de la nave, por debajo de la línea de flotación. El domo, que se despresurizó completamente, es de goma y contiene parte del equipo de navegación, detección y otros del buque.

 

La versión más consistente de los hechos indica que el equipo de guardia a bordo del USN San Jacinto vio el periscopio del submarino sobresaliendo del agua a unas 100 ó 200 yardas (una yarda = 0,9144 metros) de distancia delante suyo. El submarino se encontraba ascendiendo. En el crucero se ordenó retroceder a toda máquina pero de todos modos el San Jacinto chocó con el submarino.

 

Luego del accidente el Montpellier se dirigió a la Base Naval de Submarinos Kings Bay en el sur de Georgia mientras que el San Jacinto puso proa hacia la Estación Naval de Mayport en Jacksonville, Florida. Ambos habrían llegado a su destino por sus propios medios.

 

El incidente se encuentra bajo una investigación rigurosa para determinar las causas del accidente y las circunstancias en que ocurrió. También se buscará determinar los procedimientos necesarios para que este tipo de situaciones no se repita.

 

Si bien las colisiones entre buques de superficie y submarinos de la US Navy son algo muy raro, hay un precedente relativamente reciente. En marzo del 2009, el submarino Hartford sufrió graves daños después de chocar con el buque de transporte anfibio Nueva Orleans en el Estrecho de Ormuz. En esa ocasión la culpa fue atribuida a los comandantes que se hallaban a bordo del submarino.